Prólogo

Traducido al español por StSassa

La pequeña caja aterciopelada ha estado cuidadosamente guardada en el bolsillo de Arthit durante ya varias semanas.

Sólo tiene que encontrar el momento adecuado para dársela a Kongpob.

Arthit no puede creer que sea él quien lo está haciendo. Aunque se habría burlado de la idea de hacer algo tan cliché durante sus primeros días, los últimos años han visto a Arthit sentirse poco a poco menos nervioso y reacio a permitirse amar abiertamente a su extremadamente encantador novio. Por supuesto, aún finge arcadas y gira los ojos cuando Kongpob está siendo particularmente cursi o infantil, aunque no lo cambiaría por nada.

Sus entrañas saben bien lo mucho que quiere pasar el resto de su vida siendo quien recibe el amor constante e inquebrantable de Kongpob. Incluso casi nueve años después, sigue sintiendo el leve revoloteo de su corazón cada vez que el pesado de su pareja hace cosas pequeñas y simples como darle un beso de buenas noches en la frente o dejarle una botella de leche rosa en el refrigerador durante las mañanas en las que tiene que salir a un viaje de trabajo.

Sus amigos estaban algo asombrados por la forma en que su frío, indiferente y verbalmente agresivo exhazer se convirtió poco a poco en un gran charco de baba alrededor de su novio. Tutah lo llama su “resplandor del embarazo”, lo cual suele ganarle un posavasos directo a la cabeza. Knot y Prem se habían visto el uno al otro con las cejas en alto cuando, una noche que salieron a pasar el rato en el bar de Bright, Arthit se había permitido ser traído al regazo de Kongpob sin protestar, robándole incluso algunos pequeños besos durante la velada. Tal vez fue el alcohol, pero una cosa sigue siendo cierta.

Arthit está por completo loco por Kongpob Sutthiluck.

Pero Arthit se sorprendió a sí mismo cuando, una tarde, estaba a las afueras de Bangkok por una junta y, de camino a casa, se encontró frente a los escaparates de una joyería, observando los cientos de gemas resplandecientes como luces de neón reflejándose en el agua. Más adelante, se sorprendió a sí mismo al entrar a la tienda para mirar más a fondo.

—Bienvenido, señor, ¿en qué puedo ayudarlo?

La empleada se había acercado a él poco después de verlo pensante frente a una gran vitrina con anillos.

Arthit levanta la mirada y se frota la nuca, con una tímida sonrisa formándose en sus labios. Echa un vistazo a la etiqueta con su nombre: Ploy. Es una mujer alta y delgada, quizá en sus 40, con ojos amables como los de su madre.

—Yo, eh…

¿Cómo explica uno que comprará un anillo de compromiso para otro hombre? Seguramente él no es el primero en hacerlo. Aunque ya no estaba con exactitud asustado por reconocer al amor de su vida en contextos sociales, no ha estado exactamente en una situación en la que tuviera que salir del armario ante un completo extraño con el simple propósito de comprar algo.

Señora, ¿puedo comprar un cuarto de kilo de costillas de cerdo? Son para mi novio.

No, no. Todo eso sería ridículo en cualquier otro contexto.

—¿Compras esto para ti o es un regalo? ¿Tal vez un juego de aretes y collar? Tenemos unas colecciones geniales para esta nueva temporada.

Era finales de noviembre y Arthit había tenido su aniversario marcado en el calendario de su teléfono ya por varias semanas. Desde luego, ese sería el mejor día para que Arthit le pidiera a Kongpob ser suyo para toda la eternidad.

Podría llevarlo a cenar a algún lugar elegante y sofisticado y preguntarle discretamente antes del postre. Le compraría rosas y se arreglaría un poco, y lo llevaría a dar un tranquilo paseo por el parque en el que se besaron por primera vez, con sus manos entrelazadas bajo las titilantes luces del puente.

Arthit era un hombre sencillo que, siendo honestos, prefería hacerlo en la privacidad de su humilde apartamento, pero sabía que Kongpob amaba los elementos cursis y románticos de estar enamorado, así que si eso era lo que quería, entonces Arthit se lo daría.

—Quiero… comprar un anillo —se decide al fin por esas palabras.

—Entonces, ¿harás la gran pregunta? —Ploy sonríe. —¡Qué emocionante!

Arthit se sonroja y asiente con ligereza, no necesariamente avergonzado, más bien agradablemente tímido por pensar en la brillante sonrisa de Kongpob cuando probablemente diga que sí.

¿Diría que sí? Arthit desde luego que lo espera, pero hay una razón por la que la pregunta debe hacerse en primer lugar.

—¿Tienes en mente un presupuesto o algún estilo en particular? Tenemos una excelente selección de cortes princesa de este lado.

Ella señala una fila de delicados anillos plateados, todos con variadas formas y tamaños de diamantes en la montura. Algunas de las brillantes piedras son tan grandes como almendras, tan costosas como su auto, apartamento y ahorros de toda su vida en conjunto. Son impresionantes, pero no lo que Arthit está buscando.

—Uhm… son bonitos, pero estaba buscando algo quizá menos… un poco menos… ¿ostentoso?

Él mira vagamente el otro extremo de la vitrina, le había llamado la atención la esquina con piezas que sin duda alguna se veían más masculinas.

—Oh, bueno, tenemos opciones más económicas si eso te preocupa.

Ploy echa un vistazo a la vitrina, buscando algo que pueda recomendar justo como lo ha hecho tantas veces, hasta que atrapa la mirada de Arthit enfocada en una sección en particular. Entonces lo entiende y se aleja del otro extremo de la vitrina. Abre la puertilla y con lentitud saca la base aterciopelada que está observando, colocándola sobre el cristal.

Arthit la ve, sorprendido. Lo habían atrapado mirando.

—¿Sabes la talla de él? —Dice en voz baja y con sonrisa amable.

El tinte rosado en las mejillas de Arthit lo delata y se golpea mentalmente. Cielos, ¿por qué no pudo sólo decirle lo que quería desde un principio?

—Talla 8 —murmura, con sus ojos escaneando la bandeja con anillos.

Sabe esto sólo porque, en la noche de la boda de M y May, cuando Kongpob bebió mucho y se desmayó en la cama, él había atado en secreto una cuerda alrededor del dedo anular de su novio y la había medido después. Arthit sabe que eso parecía algo por completo descabellado cuando bien pudo haber tomado uno de los anillos de Kongpob para medir la talla, pero sabía que a su novio solía gustarle usarlos en diferentes dedos, así que Arthit quería estar extremadamente seguro de que el anillo que comprara le quedaría exactamente a ese dedo.

Hay unos cuantos anillos en la bandeja que consisten en una gruesa banda plateada con un gran diamante que se sostiene en la punta de una terminación elevada, pero parecen más como algo que usaría un corpulento jefe de la mafia para complementar su diente de oro en lugar de una promesa de amor eterno para su dulce y gentil novio que no dañaría ni a una mosca.

Se toma su tiempo reflexionando sobre cada anillo, tomando uno de vez en cuando y sosteniéndolo a contraluz en un intento de imaginar cómo se vería en los morenos y delgados dedos de Kongpob.

—¿Cuánto tiempo han estado juntos?

Ploy acomoda cada anillo en la bandeja para que estén perfectamente alineados el uno del otro. Sabe que es probablemente un poco entrometido de su parte, pero escuchar las conmovedoras historias de los clientes sobre sus regalos es la parte más satisfactoria de su trabajo.

—Alrededor de ocho años —responde Arthit, sonriendo con cariño. —Nos conocimos en la universidad.

—¡Vaya! Ocho años es bastante. Debe ser un gran chico como para que alguien tan adorable como tú quiera casarse con él.

Arthit se sonroja por su comentario, pero suelta una risita, negando con la cabeza.

—En realidad, es increíblemente molesto. Es un coqueto intolerable y nunca me deja en paz, insiste en mensajearme con cursilerías cuando se supone que estoy trabajando. Ah, y es tan quisquilloso, en especial con la comida. Nunca había conocido a alguien que ordena el especiero de la cocina por orden alfabético. Y en serio, a veces me trata como un niño. Ey, puedo atar mi propia corbata, ¿lo sabías? Y…

Levanta la cabeza cuando oye a Ploy riendo ligeramente y aprieta los labios para detenerse. Ese fue él de nuevo con el vómito verbal.

—Lo siento, sólo estaba divagando. Supongo que es aceptable.

—Es sólo que suena a que ustedes dos se aman mucho.

Arthit sólo le dedica una pequeña sonrisa en respuesta y regresa su atención a los anillos. Ploy toma uno y observa los detalles antes de dárselo a Arthit.

—Tengo el presentimiento de que te gustará este.

No es para nada ostentoso. Es una banda de oro blanco, lisa y delgada, con una pequeña línea de cinco pequeños diamantes de corte redondo incrustados en un espacio con forma de onda a un costado. Las delicadas gemas reflejan la luz sólo lo suficiente como para dar un aire de elegancia, pero no son tan deslumbrantes como para que la joya llame mucho la atención.

Es perfecto.

La amplia sonrisa de Arthit es todo lo que Ploy necesita como confirmación.

—Lo empaquetaré para ti.

Aprieta los dientes y su billetera se estremece cuando ella le habla apresurada del costo total (¡52 mil bahts!), de las pólizas de la garantía y las del reembolso, y con una mano enguantada coloca cuidadosamente el anillo en la caja y luego en una pequeña bolsa roja.

No es que Arthit tenga apuro por el dinero, pues en general es bastante moderado con sus gastos y tiene bastante en sus ahorros, pero esto definitivamente es más de lo que había previsto.

—Oh, ¡espero que todo vaya bien! —Dice Ploy cuando está a punto de irse, hablando entusiasmada con sus manos sobre el pecho.

—Gracias, también lo espero —juguetea con las asas de la bolsa mientras sale de la tienda.

Más vale que ese idiota diga que sí porque Arthit no se va a complicar pidiendo el rembolso.

Allí lo tienen. Nuestro lindo y tímido Arthit le va a pedir a Kong que se case con él. :3

Basé su aniversario en la noche de la boda de Tum y Fon en la serie original, la cual es el 17 de diciembre de acuerdo con la fecha en el teléfono de Kongpob cuando Ple le envía un mensaje para decirle que lo recogerá más tarde.

También, 52 mil bahts son alrededor de 1670 dólares americanos (N/T: alrededor de 35 mil pesos mexicanos). En realidad no es mucho por un anillo de diamantes, pero sigue siendo lo mismo que dos meses de renta en un apartamento pequeño en Bangkok (según Google).

Traducido al español por StSassa

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