Capítulo 2: El inicio de Señor Sutthiluck

Traducido al español por StSassa

—¿Recuérdame otra vez por qué gastamos una absurda cantidad de dinero en esta botella de vino que ni siquiera vamos a disfrutar?

Arthit inspecciona la etiqueta de la estúpidamente costosa botella de Merlot por la cual condujeron dos horas hacia una licorería en específico. Están de pie frente al espejo de la sala, con Kongpob ajustando el cuello de la camisa de Arthit.

—Ya te dije, no podemos llegar a la fiesta con las manos vacías.

—Hemos ido a la casa de tus padres docenas de veces, Kong. ¿Por qué es diferente esta vez?

Kongpob suspira, descansando los brazos sobre los hombros de Arthit y entrelazando sus manos detrás de su cuello. Ambos hombres están vestidos con impecables camisas blancas y bastante parecidos trajes en azul marino; el de Kongpob tiene unas apenas visibles rayas plateadas y el de Arthit un patrón de cuadros a finas rayas blancas en el saco. Se ven como la viva imagen de la realiza joven a punto de anunciar el nombre de su recién nacido.

Para ser francos, Arthit se siente un poco fuera de lugar con este traje hecho a la medida y zapatos elegantes de marcas que apenas puede pronunciar, pero algunas cosas eran inevitables al ser asociado con el heredero de una gran corporación.

—Habrá mucha gente realmente importante allá esta noche. Mis padres no son en sí unos esnobs, pero alguna gente con quien mi padre hace negocios se burlará si el salmón es sólo “mitad noruego” o lo que sea que eso signifique. Nos guste o no, estamos bajo un escrutinio constante.

—Oww, ¿entonces no nos escaparemos para besarnos en tu antigua habitación? —Arthit pretende hacer un puchero.

—No prometo nada. Aunque bien podría traerte conmigo y tenerte como mi postre.

—Eso no es muy noruego de su parte, Khun Kongpob.

Kongpob se acerca, sonriendo mientras lame su labio inferior.

—Si lo recuerdo bien, hemos tenido una justa cantidad de aventuras para nada noruegas. ¿Recuerdas esa vez antes de los exámenes trimestrales cuando aún teníamos nuestros dormitorios uno frente al otro y…?

Arthit le da un empujón y coloca una mano sobre la boca del menor.

—Creo ya fue suficiente de recordar —gira los ojos. —Vayámonos antes de decepcionar a los peces gordos con nuestra tardanza.

Kongpob toma de la mesa las llaves del auto y se coloca sus mejores zapatos de cuero.

—¿Listo? —ofrece su mano luego de terminar de atar las cintas.

Arthit hace una pausa, mirando el maletín bajo la mesa del comedor.

—Eh… adelántate y enciende el auto. Te veré abajo en unos momentos. Sólo debo asegurarme de que envié un correo electrónico.

—¿Seguro? Puedo esperar.

—No, no, está bien. Ahorrará tiempo. ¡Ve! —Arthit sonríe un poco más grande de lo necesario y prácticamente lo saca a empujones.

Kongpob alza una ceja, claramente un poco escéptico, pero de todos modos camina hacia la puerta.

—De acuerdo… entonces te veo en un rato.

Una vez que la puerta se cierra, Arthit prácticamente corre hacia el maletín, rebuscando en el fondo. Por supuesto, tanto el anillo como la caja siguen allí.

Esta noche sería la noche. Se estaban yendo a tiempo y esta vez no tenían que conducir tan lejos, así que el tráfico no era un problema. Estarían toda la noche en la casa Sutthiluck y en definitiva habría comida.

Esta noche, nada podría interponerse en el camino de Arthit.

Toma un gran aliento y guarda la caja en el bolsillo interior de su saco, dándole palmaditas como reafirmación antes cerrar la puerta detrás de él.

—¿Se envió el correo electrónico? —Dice Kongpob mientras ajusta el espejo retrovisor.

—¿Eh?

—Dijiste que tenías que enviar un correo electrónico.

—¡Oh! Cierto, sí. Se envió. Todo bien.

El auto arranca con un murmullo y están en la calle, con el tráfico bastante fluido.

—De verdad deberías tomarte un descanso de vez en cuando. Es la víspera de Año Nuevo, P’. Si sigues trabajando horas extras, tendré que pedirle a mi padre que te saque de Ocean Electric para que mejor trabajes para él.

—Claro, como tú nunca trabajas hasta tarde.

—Me declaro culpable, pero últimamente siento que mi Por espera mucho de mí. Él sigue diciéndome “Hijo, algún día tendrás que manejar esto por tu cuenta” —imita Kong la voz de negocios firme y seria de su padre. —Quiero decir, siempre lo he sabido, pero sólo se siente como si en estos últimos meses realmente me estuviera cargando con trabajo.

—Estoy seguro de que sólo está orgulloso de ti, Kong.

—Sí, lo sé, pero de cierto modo tengo el presentimiento de que todo cambiará de la noche a la mañana

Arthit no dice nada y mira hacia afuera por la ventana, apoyando su codo sobre la puerta del auto.

—Es probable que Mae ya esté agobiándose por las formas de las servilletas —Kong ríe mientras el auto reduce la velocidad hasta detenerse.

La casa Sutthiluck (no, mansión), es una de las lujosas propiedades en Sukhumvit, con todo y un portón de hierro forjado y un jardín delantero bien cuidado que florece con arbustos florales y árboles de buganvilias.

Bajando la ventanilla del auto, Kongpob presiona el botón del intercomunicador.

—Bienvenidos de vuelta, Khun Kongpob, Khun Arthit —la voz se oye por el altavoz.

—Te lo he dicho un millón de veces, Shin, deja el “Khun”. Literalmente me viste correr por la casa en pañales —Kongpob niega con la cabeza.

—Sí, por supuesto. Sus padres están en la cocina con los del servicio de catering. Les haré saber que están aquí.

—No, está bien, nosotros iremos a saludarlos.

—Por supuesto.

Las puertas se abren lentamente y Kongpob conduce el auto por la larga entrada, estacionándose en un lugar vacío junto al auto de su padre.

El vestíbulo está adornado con luces titilantes y guirnaldas plateadas. Las palabras ¡Feliz 2026! cuelgan en la puerta delantera con letras grandes y brillantes.

Coloridos banderines cuelgan del techo del enorme salón y los sofás se movieron hasta las orillas del piso a desnivel para hacer más lugar para que los invitados anden por allí. Los decoradores y los del servicio de catering se mueven ajetreados por cada esquina de la casa, armando torres y platos de comida de lo que la madre de Kongpob había llamado “órdenes” (Arthit no podía recordar la verdadera palabra ni lo que significaba realmente).

—Wow, de verdad lo dieron todo esta ocasión —murmura, contemplando la extravagancia de sus alrededores.

¿Mae? ¿Por? —Llama Kongpob mientras entran a la cocina. Es como una noche de viernes en la calle Khaosan, con cuerpos pasando por aquí y por allá y con deliciosos aromas que vienen de todas direcciones, ajetreado de la mejor forma.

Una cabeza de cabello oscuro recogido con un prendedor bordado se da la vuelta para mirarlos, moviéndose entre los veintitantos empleados de catering.

—¡Llegan temprano! —La madre de Kongpob, de quien él heredó claramente su deslumbrante sonrisa, llama mientras hace su camino hacia la puerta de la cocina.

—Hola, mamá —los tres intercambian wais y abrazos, juntando sus mejillas a manera de saludo.

—El lugar luce genial, Mae.

—Oh, ¡ustedes se ven tan guapos! —Ella los gira sobre sus pies para verlos mejor. —¡Ohhh! Trajeron el Merlot. Kong, ve a darle esa botella a Shin y luego ve a saludar a tu padre. Está en su estudio.

—Claro.

No menos de tres segundos después de que Kongpob desapareciera por el pasillo, la ansiosa mujer acerca a Arthit tirando de su brazo, bajando el volumen de su voz hasta que es un susurro.

—¿Ya se lo pediste? —Sus ojos indagan ansiosos por una respuesta.

Arthit suspira, negando con la cabeza. Tenía la sensación de que ella sacaría el tema.

—Oww, ¿por qué no? Creí que se lo pedirías hace unas semanas. ¡Me preocupó que haya dicho que no cuando no lo oí de él! —Sus hombros se hundieron en decepción.

—Lo siento, Mae. Las cosas no fueron realmente acorde al plan —presiona sus labios en una tensa sonrisa. —Algo surgió y la oportunidad se fue delante de nuestras narices.

Ella da unos toquecitos a su rostro antes de suspirar.

—Bueno, esperaba presentarles a mi futuro yerno a todos esta noche, pero supongo que eso tendrá que esperar.

Tal vez no deba esperar mucho, Mae, Arthit sonríe para sí mismo.

Arthit había visitado a los padres de Kongpob la misma tarde que compró el anillo, diciéndole a su novio que su reunión se había atrasado y que cenaría antes de regresar a casa. Sus manos sudaban y temblaban cuando presionó el intercomunicador. Ellos estaban definitivamente sorprendidos por su inesperada visita, pero lo recibieron de todos modos.

—Mae, Por. Han sido tan amables conmigo todo este tiempo y vine aquí hoy porque…

—Porque… ¿qué? Oh, Arthit, no planeas romper con él, ¿cierto? Lo haces tan feliz. Por favor, sea lo que sea, pueden…

—¡No, No! No es nada de eso. En realidad, es lo contrario.

—¿A qué te refieres? —Kerkkrai junta sus manos y su mirada es expectante.

—Quiero… Quiero pedirles permiso para… para pedirle a Kong que se case conmigo. Si les parece bien, quiero decir —añade. —Por supuesto que respeto cualquier decisión que tomen y…

Si los apretados abrazos y lágrimas que le siguieron fueron alguna pista, los padres de Kongpob lo aprobaron enormemente, hablando emocionados de los planes para la boda, con su madre ya parloteando sobre arreglos flores y los colores de las servilletas, pidiéndole ver el anillo y hablando entusiasmada sobre lo lindo que era.

—Bueno, ya era hora. ¡Creí que tendría que esperar hasta ser demasiado viejo como para comer comida sólida! —Fue todo lo que había dicho su padre, con una gran sonrisa en el rostro mientras le daba palmaditas a Arthit en la espalda.

Arthit estaba aliviado, por decir lo menos. La primera vez que había sido presentado ante ellos como el novio de Kongpob, Khun Kerkkrai se lo había quedado mirando confundido, intentando hacer la conexión entre el joven de Ocean Electric que tanto admiraba y el hombre que su hijo ahora le llamaba su pareja.

Luego de un largo minuto de un silencio ensordecedor, él se había escabullido hacia su oficina, dejando a Kongpob casi al borde de las lágrimas y a Arthit congelado en su lugar. Siempre había la probabilidad de que sus respectivos padres no los aceptarían.

Mientras que el padre de Arthit simplemente bromeó con un “Bueno, ¡al menos no se quedarán embarazados por accidente!” y su madre le había preguntado a Kongpob lo que vio siquiera en el raro de su hijo, pedir la aprobación de uno de los más públicamente reconocidos empresarios de Tailandia era como maniobrar con manos temblorosas para desactivar una bomba de tiempo.

Un rato después, Kerkkrai había vuelto furioso al salón comedor, gesticulando alterado en dirección a su hijo.

—¿Cinco años? ¡¿Esperaste cinco años para decirnos que tienes una relación?! ¡Así no es como te criamos! ¿O te avergüenza tanto Khun Arthit que no podías decirles a tus propios padres? Te enseñé a ser siempre abierto y honesto con nosotros, ¿y escondes algo así? ¡Increíble!

El distinguido hombre de negocios se había quedado allí de pie, con las manos en la cintura y resoplando su ira antes de mirar a Arthit, señalándole que se pusiera de pie. Arthit había obedecido, temblando ligeramente antes de ser atraído en un apretado abrazo.

—Bienvenido a la familia, Arthit. Cuida a mi hijo, no es exactamente el chico más listo de mundo —había dicho antes de que su esposa e hijo estallaran en risas de alivio.

Arthit ahora ve a Kongpob regresando por el pasillo con su padre, quien está vestido con un impecable traje nuevo de un obscuro color escarlata y un corbatín de seda negro.

—Te ves encantadora, cielo —él besa a su esposa en la mejilla, admirando su vestido que combina en color rojo.

—Qué asco, Por. Vaya a besuquearse con Mae en algún otro lugar —se queja Kongpob, trayendo a Arthit a su lado por la cintura.

—Como si ustedes dos jóvenes fueran mejores. Además, descubrirán pronto lo que el matrimo… —es interrumpido abruptamente por la madre de Kong, quien lo empuja hacia la cocina antes de que pueda terminar la frase.

Kongpob envuelve su otro brazo alrededor de la cintura de Arthit y sólo se miran el uno al otro por algunos segundos.

—¿Listo para recibir el año nuevo?

—En realidad no estoy seguro. Aún tengo que tachar algunas cosas de mi lista de propósitos de este año.

—Eh, de todos modos nunca ibas a aprender japonés.

—Ese búho de Duolingo es un imbécil aterrador.

Se entretienen intentando identificar qué son todos los misteriosos bocados de comida, ofreciendo wais y saludando a todos y cada uno de los invitados y familiares que se topan en su camino. La madre de Kongpob anuncia la apertura del magnífico banquete y ellos agradecen la oportunidad para llenarse la boca con buena comida, la excusa perfecta para no tener que hablar con nadie.

De forma lenta pero segura, los invitados regresan al salón, en donde una suave música jazz se oye por los altavoces. Intercambian jadeos reticentes antes de unirse a la multitud. Cada interacción pequeña e incómoda con alguno de los ejecutivos de mercadotecnia o alguien más significa más champaña rosa en la copa de Kongpob hasta que Arthit por fin se excusa diciendo que tiene que ir al sanitario. En su lugar, sale al patio cerca de la piscina, respirando el aire fresco y la notable tranquilidad.

En más o menos la última hora de relacionarse con alrededor de 50 personas diferentes, algunos que reconoció del trabajo y otros como amigos o empleados del padre de Kongpob o bien sus familiares, tuvo que salir del armario discretamente ante la mitad de ellos. Hacerlo con conocidos era una cosa, pero Arthit nunca fue alguien a quien le gustaran las multitudes, menos una en su mayoría llena de desconocidos.

Deja su copa de lado y se sienta en la orilla elevada de la piscina, enfocando su mirada en las leves olas de donde la brisa sopla sobre el agua ligeramente iluminada.

—¿P’Arthit?

Kongpob, con su propia copa, se sienta junto a él, entrelazando sus manos.

—Lo siento, sé que estos eventos pueden ser algo abrumadores.

—Está bien. Supongo que son buenos para los negocios —toma lo último de la bebida de fresa en su copa. —Aunque si tengo que oír las palabras “increíble oportunidad” o “excelente inversión” de nuevo esta noche, me ahogaré a mí mismo en esta piscina.

Kongpob exhala una suave risa y observa a los invitados riendo y bailando bajo el candelabro del salón. Sus voces y la música lenta se oyen atenuados por las puertas del patio.

Se levanta sonriendo, ofreciéndole su mano. Arthit levanta la mirada hacia él con una ceja alzada.

—¿Qué?

—Baila conmigo.

—¿En serio? ¿Aquí afuera?

Son los únicos afuera y la única luz viene de la piscina y de las estrellas sobre sus cabezas.

Con duda, Arthit le da su mano a Kongpob, quien lo levanta rápidamente y tira de él hacia su pecho con su otra mano. No dicen nada, se deslizan lado a lado de forma suave, sin seguir realmente la música. Sólo respiran en presencia del otro, con sus párpados apenas entreabiertos, sus narices rozándose y sus labios juntándose con suavidad de vez en cuando.

Este es el momento, Arthit se dice a sí mismo.

—Kong —prácticamente susurra. —Quiero empezar bien este año.

Kongpob no dice nada, aún guiándolos en su suave vals.

—Tú… tú significas para mí más que lo que algún día podré decir con palabras. Y sé que sigues diciendo que no debería disculparme, pero de verdad lamento ser un desastre al hacerte saber que te amo.

Kongpob se aparta un poco, sólo para mirarlo. Arthit contiene el aliento. Nunca ha superado realmente lo atractivo que es su novio.

—P’Arthit, sé que me amas. Siempre me lo demuestras, aunque no te des cuenta. Cuando pasaste todas esas noches estudiando conmigo, cuando sabes que tengo que beber en estos eventos y tú te quedas sobrio para llevarnos a casa. Sé que me amas cuando me presionas y discutes conmigo para que no quedar como alguien de mente cerrada. Cuando estamos en la cama y tú…

—No nos dejemos llevar tanto.

—¿Qué? Sólo iba a decir que amo cuando me dejas abrazarte cuando estoy triste, incluso cuando por lo regular te quejas de tener calor.

—Ah ajá —gira los ojos, pero está sonriendo. —Sólo quería asegurarme.

—¿Asegurarte de qué?

—Quiero asegurarme de que…

Mete la mano el bolsillo de su saco, buscando la caja del anillo… antes de oír que la puerta del patio se abre una chillona voz llamando:

—¡Kongpob! ¡N’Kong!

Levantan sus cabezas, mirando hacia la casa. Es una de las tías de Kongpob, haciéndoles señas; sus brazos se sacuden mientras lo hace.

No, no puede ser. No de nuevo.

Arthit siente que su sangre empieza a hervir y tensa la mandíbula. Cierra sus ojos, haciendo su mejor intento por respirar por la nariz.

—¡Regresa adentro! ¡Tu Por está a punto de dar su discurso y de empezar la cuenta regresiva!

Los ojos de Kongpob miran brevemente a Arthit, lleno de preguntas y de preocupación.

¿Por qué? ¿Por qué le estaba pasando esto a él?

—¿Todo bien, P’?

Arthit exhala, conteniendo el doloroso nudo en su garganta. No va a alterarse y llorar. No de nuevo.

—Estoy bien. Ve. Vayamos.

—¡Kooonnngggg! ¡Vamos! ¡Ya casi es hora!

—¿Estás seguro?

—Sí, sólo… —hace un débil gesto hacia la casa. —Tu padre está esperando.

Mira hacia todas partes excepto a Kongpob y Kong asiente lentamente antes de tomar la mano de Arthit y llevarlos de regreso a la casa. Todos los invitados están reunidos en el salón, algunos sentados en el sofá, otros amontonados con sus parejas en los extremos. Arthit se acomoda junto a una mesa de pequeños postres y Kongpob da un beso rápido a sus manos unidas.

—Hablaremos más tarde, ¿de acuerdo?

Arthit sólo asiente antes de que Kongpob se apresure a ir con sus padres y hermanas al frente de la sala.

—Ah, aquí estás, Kong.

Kerkkrai le ofrece una copa de champaña antes de volverse hacia sus invitados.

—Mis amigos, me complace tanto celebrar el nuevo año con todos ustedes. Me da tanto gusto decir que, primero que nada, he sido bendecido al tener aún el amor de mi hermosa esposa, mis hijas y mi maravilloso hijo. Ellos siempre me recuerdan que la amabilidad y la honestidad son prioridad sobre todo lo demás —coloca su brazo sobre cada uno de ellos, con sus ojos arrugándose mientras sonríe. —Mis hijas son como su madre: obstinadas, testarudas y probablemente más inteligentes que yo —continúa.

—¡Por! —regaña una de sus hijas, girando los ojos.

Algunos invitados ríen.

—Sigo un poco resentido porque no quisieron quedarse a cargo de la empresa, pero ellas siempre han hecho lo que las hace feliz y no hay más que pueda pedir además de eso. Mis hermosos nietos son la cereza en el pastel.

“También soy afortunado al haber tenido tantas oportunidades de trabajar con mi hijo este año, el cuarto año consecutivo. Ha traído muchas ideas innovadoras a nuestra empresa, incluyendo la implementación de alternativas biodegradables, las cuales no solamente han reducido nuestra huella de carbono de forma significativa además los riesgos en la mano de obra, sino que también nos ha ayudado a cumplir con la demanda desde la prohibición de las bolsas de plástico en el 2019.

Los invitados aplauden con cortesía y Kongpob sonríe tímido. Arthit, pese a sí mismo, también sonríe, orgulloso de los logros y del trabajo duro de su pareja.

—Realmente ha probado ser que el tipo de hombre que siempre esperé que fuera, y estoy tan orgulloso de él. Así que, amigos, es aquí que anuncio que el próximo junio, me retiraré oficialmente de Siam Polymer y le cederé la responsabilidad de ser CEO a mi hijo, Kongpob.

Jadeos llenan el aire y un lento pero constante estallido de aplausos se oye por todo el salón, con muchos estirándose hacia Kerkkrai para estrechar su mano y felicitarlo.

Kongpob, por otro lado, se ve conmocionado. Arthit regresa a sus cinco sentidos, intentando digerir los eventos de los últimos veinte segundos antes de acercarse a la familia, participando en la repentina revelación.

Por… ¿qué? —Kong mira a su madre y a sus hermanas, quienes están igual de perplejas. Su madre se encoge de hombros, incrédula por lo que acababa de suceder.

Kerkkrai, luego de atender varios invitados, se vuelve hacia su familia y Arthit, quienes se encuentran en varios estados de sorpresa y estupefacción.

Por, ¿está seguro? —Kong sacude la cabeza, todavía intentando comprender la idea.

—¿Es mi nombre Kerkkrai Sutthiluck? Hijo, nunca he estado más seguro de nada.

—¿Y si no estoy listo? Ni siquiera he cumplido los 30.

—Por supuesto que estás listo. Has hecho más que probar que eres apto, todos en la empresa te aman, tienes el apoyo de tu familia y el de Arthit. ¿Qué más pruebas quieres?

Arthit, como si intentara reafirmar sus palabras, coloca un brazo alrededor de la cintura de Kongpob, estrujando ligeramente su cintura. Kongpob muerde su labio con cautela, sin palabras.

—Ya deja de preocuparte. SI te hace sentir mejor, seguiré yendo a supervisarte de vez en cuando. No te dejaré a tu suerte. Ahora vamos o nos perderemos la cuenta atrás.

Kerkkrai se vuelve hacia sus invitados.

—¡Todos, encuéntrenme fuera para dar la bienvenida al año 2026!

Los invitados se vuelcan fuera hacia el patio, todos mirando arriba al cielo nocturno. Shin, el mayordomo de la familia, ha instalado un gran reloj digital que ahora mismo marca poco más de las 11:58.

Kongpob y Arthit se quedan cerca de la puerta del patio, con sus brazos alrededor del otro mientras esperan.

—Oye —Arthit levanta el mentón de Kongpob para mirarlo.

—Estoy bien, sólo… es mucho, ¿sabes?

—Lo sé. Pero como dijo tu Por, saldremos adelante juntos. Él confía en ti por una razón.

Kongpob exhala por la nariz y asiente.

—P’Arthit, ¿de qué querías hablar hace rato?

Arthit, recordado de cómo volvieron a robarles el momento, niega brevemente con la cabeza.

—No es nada, de verdad —presiona un beso en la frente de Kong. —Sólo quería decir que te amo y que me alegra pasar otro año contigo.

¡Diez!

—Yo también, P’.

El brillo regresa a sus ojos y Arthit siente que el dolor en su pecho se desvanece.

¡Nueve!

—Feliz Año Nuevo, Kong.

¡Ocho!

—Feliz Año Nuevo, P’Ai-Oon.

¡Seis!

—No me habías llamado así en años.

¡Cinco!

—Sí, bueno, me siento bastante cálido en este momento.

¡Tres!

—Empalagoso.

¡Dos!

—Pesimista.

¡Uno!

Sonríen, riendo entre el beso mientras los gritos de ¡Feliz Año Nuevo! hacen eco a su alrededor junto con fuerte estruendo de los fuegos artificiales explotando de forma intermitente. Apartándose, observan el espectáculo de luces por algunos momentos antes de que Arthit tome la mano de Kongpob.

—¿Volvemos a casa, señor CEO?

—Volvemos a casa, mi amor.

Se escabullen por el salón y salen por la puerta principal, alejándose en el auto sin que nadie se dé cuenta.

La próxima ocasión, piensa Arthit. La tercera es la vencida.

Sentí que ese fue uno muy largo. Quizá tenga el síndrome del túnel carpiano por teclear tanto.

Espero que algunas de las referencias tengan sentido. Añadí mis propios comentarios en donde las referencias pudieron haber sido algo extrañas.

Arthit bien pudo haber seguido adelante y preguntar a pesar de su plan fallido. Yo sólo creo que, según mi entendimiento del personaje de Arthit, él es un perfeccionista a su manera y, una vez que se propone algo, lo hará tal y como tiene pensado o no lo hará en lo absoluto. En cada uno de estos casos, le tomó mucho coraje desarrollar el momento en primer lugar, y una vez que ese momento se fue, veo difícil para él el sólo decirlo como si fuera tan sencillo.

Traducido al español por StSassa

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